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© 2013 - Esqueleto por pinktape. Modificado por casinocalavera.
Una larga deuda. jueves, 18 de octubre de 2012



Autor: apocalypsewitch // casinocalavera
Fandom: Code Geass.
Claim: Lelouch Lamperouge/C.C
Tabla: Link
Tema: #02 - Lluvia
Título: Una larga deuda.
Advertencias: Future!fic. Desarollado después de la segunda temporada. Basado mayormete en esta imagen.
Notas: T.


La primera vez volvió a verla, fue en un tren.

Ninguno de los dos dijo palabra alguna, se limitaron a observarse el uno al otro por el vidrio del vagón que los separaba. Lelouch no sabría qué decir, de cualquier manera. Ella le miraría con esos ojos que decían “has roto tu promesa”. Porque él le prometió ser su brujo. Prometió que no la dejaría sola, porque ambos eran cómplices. El temor hacia la nueva vida que la bruja de cabello verde le proponía, una vida sin lujos, siendo invisibles para el resto de la población, era algo que no encajaba dentro del antiguo Emperador. De esa forma, desapareció una vez que ella cayese a los brazos de Morfeo –después de una ardua sesión de sexo, claro-, con un beso en su frente y sin ninguna explicación escrita.

Ese día llovía.

Irónicamente, el día del tren el clima era idéntico. Supuso que debía de ser una coincidencia extraña. Siendo entonces, un cobarde en ese momento, la observó salir con parsimonia, perdiéndose entre el súbdito mar de gente que ingresaba a la estación de trenes. La motita verde fue alejándose, solo para encontrarse con otra motita. Lelouch pudo imaginarse que debía de ser el nuevo contratista de la bruja, y si ella así lo deseaba, dejaría de buscarla. Pensó, en aquél entonces, que no volvería a ver a C.C por un largo periodo de tiempo. Él encontró a una chica para reemplazar a la peliverde, y así, para formar un nuevo contrato con la susodicha.

La cosa no funcionó, claramente. El cuerpo de su nueva adquisición no era como el de la bruja, su rostro no era parecido, y en lugar de cabello verde, poseía una gama de tonos marrón. Cuando la chica le soltó el discurso de su odio hacia él por otorgarle el Geass, Lelouch comprendió entonces las palabras que C.C había murmurado años atrás en el viaje de carreta. El poder de los Reyes volvía solitarios a las almas. Las extraía del mundo, sin poder ser libres. Sin embargo, la bruja había probado satisfactoriamente que eso era incorrecto. Aunque no quisiera admitirlo, Lelouch la extrañaba. La imagen que su memoria guardó, cuando ella se alejó entrelazando su brazo con el de otra persona, permanecía en su cabeza, imposible de olvidar. No importaba cuántas mujeres tuviese, o cuántos lugares visitara, la idea de que C.C ya no le pertenecía, taladraba su mente cada vez que se disponía a pensar en ello.

Y ahora, estaba a escasos metros de ella.

Su regreso a la Academia Ashford no fue por pura coincidencia. Ahora que habían pasado años desde que obtuvo su code, nadie podría reconocerlo. Por eso mismo, utilizó su viejo uniforme que mantenía oculto en una casa alejada de Tokyo. Ella parecía haber recuperado el suyo, también, y al igual que la primera vez que estuvo en los alrededores de la academia, también llevaba dos coletas atadas con un par de lazos blancos. Pudo divisarla a la distancia, debajo de la lluvia, observando la luna que se alzaba sobre el cielo azabache.

El pelinegro corrió, eliminando la distancia que había entre ellos. Colocó la sombrilla sobre la cabeza de ambos, y bajó la barbilla.

¿Cuánto tiempo llevaba sin verla? ¿Cinco o seis años?

— Lo siento. — murmuró, jugando suavemente con su cabello.
— Todos se van en algún momento, Lelouch. —La respiración de la bruja era suave. Cuando pronunció su nombre, le dio un vuelco al corazón. Lelouch. En todo este tiempo, ese nombre había estado oculto de todas las personas. Sus contratistas, todos lo llamaban por un nombre diferente. Después de una pausa dolorosamente larga, C.C continuó. — No habrá que pedir perdón por eso. La compañía de las personas es efímera. —
— Fue mi culpa. — la abrazó contra su cuerpo, importándole poco si él mismo se empapaba la ropa. — Te lo prometí, que sería tu hechicero si eras mi bruja. Lo siento. — al igual que con Suzaku, su disculpa era sincera.
— Eres un idiota, Lelouch. — susurró, girándose hacia él.

La bruja imitó las acciones del pasado, sujetándole el rostro con más fuerza de la necesaria para atraerlo hacia él, uniendo sus labios con los del pelinegro, en un dulce y casto beso.

El mundo, más allá de su cuerpo, se desvaneció poco a poco. No escuchaba el ruido de la lluvia sobre la sombrilla, ni a los estudiantes de la academia correr por los exteriores para refugiarse de la lluvia. Su cuerpo, su aroma, todo era tan familiar en él. Al igual que la primera vez, un mar de emociones lo embriagó, esparciendo todas las sensaciones por cada rincón de su cuerpo. Con ese simple toque, Lelouch sintió que su corazón latía más rápido, y su respiración se había vuelto inestable. No solo sus pulmones necesitaban oxígeno, su corazón también necesitaba bombear más sangre.

Con la mano que no sujetaba la sombrilla, tomó a C.C por la cintura, atrayéndola hacia él, aún más si era posible. Las manos de la bruja se alejaron de su rostro, una de ellas colocándose en la base de su nuca, y la otra, buscando un nimio apoyo en su pecho. Sonrió durante uno de los besos por la inocente participación de ella. Sin darse cuenta, Lelouch presionaba con más fuerza la cintura de la mujer, iniciando en su cuerpo ese deseo ardiente en lo profundo de su alma, que trataba de ganar por sobre la serenidad que él, como un antiguo Emperador, trataba de imponer.
Ella tenía la culpa.

Al girarse de esa forma, al clavar sus ojos ámbar en los violeta, creando una fricción de necesidad que lo sobrecogía, atrayéndolo a ese mar de emociones ya experimentadas, pero que al igual que la primera vez, lograban hacer que su cerebro se desconectara totalmente del mundo.

El final fue inevitable. La sobrilla cayó de la mano de Lelouch, y la lluvia los bañó con las gotas traslúcidas. Ahora ambas manos estaban en la cintura de la bruja, sintiendo como la tela se arrugaba bajo sus dedos, como se acomodaba en dirección a las curvas de la mujer. Los besos se volvieron más largos, más húmedos, más necesitados. Parecía que ambos se estaban cobrando de una deuda dolorosamente larga, como si el tiempo que los mantuvo separados también afectó a sus cuerpos.

Las manos de la bruja regresaron a rodear su cuello, dividiendo la caricia de sus labios para besar fugazmente su mandíbula. Un gruñido escapó de los labios del pelinegro, haciéndose más prologado cuando su bruja favorita mordió hábilmente aquella zona placentera para Lelouch. Éste, se separó de ella durante un momento, solo para tomar la sombrilla nuevamente, darle un beso rápido en los labios y pasarle un brazo por la cintura, antes de murmurar peligrosamente cerca de su oído un «Vayamos a casa».

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