Give me love sábado, 30 de marzo de 2013
Caminando sobre nubes de papel, entre sueños y suspiros acallados.
¿Recuerdas?
Quizás pienses que me volví loca. Quizás pienses que esto es únicamente ficción, y si lo haces, eres uno de los afortunados, pues eso significa que no te ha pasado nada de esto. Querido lector, ¿debería de comenzar con esa línea tan patética? Ésta no es una historia de amor trágico, no hay vagos "te amo" ni historias sobre manos entrelazadas, o corazones que palpitaban muy rápido.
No existe nada de eso.
Solo existe el sonido de la lluvia, esa que ahoga tus más profundos pensamientos, con la que puedes dormirte mientras te cubres con una cobija. De ese tipo de lluvias que algunas veces te impulsa a salir por la puerta y bailar debajo de la misma. O puede ser de aquella, en la que quieres quedarte hasta que la tierra te consuma, como esas gotas traslúcidas que se pierden y regresan a la tierra.
Déjalo ir.
La voz resonó en la cabeza llena de problemas sin sentido. Un huracán, eso es lo que parece todo. Los recuerdos, tan nimios, abandonan el cuerpo. Parece que se pierden con la lluvia, pero de igual manera tratas de aferrarte a ellos. ¿Duele, no es cierto? No poder dejar ir tanto, pero al mismo tiempo desear que solo se esfumara.
¿Por qué sonríes tanto?
Incluso ahora, bajo la escasa luz de la luna que se filtra por tu ventana, estás sonriendo. ¿Es por que recuerdas su calor? ¿Su mano con la tuya, su corazón palpitando junto al tuyo? Siempre supe que cuando encuentras a una persona a la que puedes abrazar, cerrar los ojos y olvidarte de todo, es ser muy afortunado. Aunque solo dure poco, aunque se esfume de un momento para otro. Por que, incluso después de tanto tiempo, puedes sonreír con el recuerdo.
Un trueno, parecido a un dragón rugiendo, te saca de tus pensamientos.
Levantas la barbilla, entonces, y ya no es solo la lluvia que corre por tus mejillas. Es una sustancia más ácida, más valiosa. La sustancia que hace mucho no derramabas, y la que más duele, por que no puede parar de brotar de sus ojos hinchados y rojos. Y solo deseas por un segundo... que todo tu dolor se vaya.
La Luna lo entiende. Entiende lo que es estar solo... llena de errores.
Tu vieja amiga está sobre el cielo, que irónicamente se encuentra de un color azabache, con unas cuentas estrellas iluminándolo. No hay nubes, no hay nada. Te preguntas si eres estúpido. Si alguien saldrá a buscarte en la tormenta, solo para asegurarte de que estás bien. Sigues preguntándote por que las cosas suceden, por qué esa persona tan querida se va esfumando de tu lado, desapareciendo como si su mera existencia, su tiempo contigo, solo existiese en tu memoria.
No te has dado cuenta, pero la tormenta ya ha pasado. Lo peor se lo ha llevado la lluvia.
Te tallas los ojos, y miras hacia el cielo.
El destino se ríe.
Fue solo una desilusión.
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